Reencontrarse con el baloncesto a los 31 años

Bhavya Dore, periodista en Bombay, narra cómo ha vuelto a jugar a baloncesto

Bhavya Dore, es periodista en Bombay (India) y en el siguiente ensayo publicado en espnW cuenta cómo se ha reencontrado a los 31 años con el baloncesto:

Cuando el cuero resuena en la madera y el eco se oye a través de los edificios, una zona de mi memoria se reafirma.

Estamos en diciembre de 2016 pero, de repente, siento como si fuera julio de 1997.

La tenista suiza Martina Hingis acaba de ganar Wimbledon y todas somos adolescentes como ella. En mi caso, un puñado de chicas en pantalones cortos y camisetas de manga corta están botando la pelota en la pista de baloncesto de cemento del colegio.

En todos los colegios donde estudié en Bombay hasta que tuve 16 años, el descanso entre las 10:00 y las 10:30 era increíble, un momento para comer el almuerzo rápidamente antes de ir corriendo para jugar. Era un espacio polivalente, al aire libre, con dos aros metálicos oxidados en los extremos, diferentes líneas pintadas y varillas para poner la red de bádminton.

Algunas veces jugábamos al tenis de mesa. Aunque normalmente era baloncesto. Ese descanso de media hora, aunque fuera poco, estaba ahí. Y el baloncesto era una forma fácil y placentera de ocupar ese tiempo.

Ahora, son las 10:30 de la mañana, 20 años después y hace un día estupendo para jugar. Esta es la primera vez que participo en un grupo de baloncesto femenino y la primera vez en muchos años que vuelvo a apuntar a una canasta.

Un grupo de chicas están calentando y colocándose las cintas en el pelo antes de jugar el partido de este domingo por la mañana.

La pista, situada en lo alto de un colegio es una de las pocas que tiene parqué. “Sentirás la diferencia”, comenta una de las chicas. “Y el haber tardado una hora en venir hasta aquí no lo hará”.

Es verdad. Dos horas de camino para un partido de hora y media el domingo por la mañana. Durante muchos meses he estado evitando poner mi nombre en los partidos del domingo porque la distancia es desalentadora.

“Pero, merece la pena”, dice otra chica. Quiero descubrir si eso es verdad.

Nunca he jugado en una pista que parezca tan profesional como en ésta, donde la red cuelga de ambos aros y hay una docena de balones para elegir e incluso hay un ventilador gigante colgando del techo. Y madera. Mucha madera.

Tenemos la posibilidad de usar esta pista el domingo por la mañana porque la escuela está cerrada y una de las chicas tiene un permiso especial para poder jugar aquí. De hecho, solo recuerdo un puñado de canchas públicas que estén disponibles. Esto es un recordatorio de que intentar jugar en un deporte de equipo como mujer en una ciudad sin vida es un lujo.

A medida que las compañeras se presentan – 6 en el partido de este domingo, cuatro de ellas a las que no había visto nunca -, siento una ligera ansiedad. ¿Y si son realmente buenas? ¿Qué pasa si me pongo a jugar después de tantos años sin haber tocado balón?

En Bombay, el baloncesto se había convertido en un anhelo en lugar de una opción de ejercicio realista. ¿Cómo encontrar gente para jugar? ¿Cómo asegurarse de que son suficientes? ¿Dónde encontrar el lugar para hacerlo? Una cosa es jugar y entrenar en un equipo profesional o semi-profesional pero, ¿qué pasa cuando no eres un novato y quieres jugar de vez en cuando siendo adulto?

Ahora mismo, estoy en medio de la respuesta a esta última pregunta: Bajo un aro, con la pelota en la mano. Estoy tratando de volver a familiarizarme con la sensación del balón, la altura del aro, el rebote del balón en el tablero. Trato de recordar los nombres de cada una de las personas que me han presentado.

Las mujeres, de diferentes partes de la ciudad, se están preparando. Una larga vara de medir está esperando para cuando acabe el partido. Los equipos están hechos. Las reglas están revisadas. El balón es lanzado al aire para comenzar.

No soy capaz de recordar el resultado ese día. No puedo recordar cuántos puntos metí. Las dos horas pasaron anotándose canastas, fallando, tirando tiros libres, cometiendo faltas, interceptando pases y haciendo amigos. La ansiedad se transformó en adrenalina. El honor se mantuvo. Los años habían caído. Y yo, había encontrado a mi gente.

Jugar un deporte fuera de una estructura institucional dada la dificultad de horarios de trabajo, las distancias largas, la escasez de espacios, me imagino que es algo que no es tan simple para la mayoría.

Ahora que he encontrado mi “El Dorado“, estaré de vuelta todos los domingos por la mañana jugando con mis nuevas compañeras en esta nueva etapa. Volver a este deporte y ritual significará un viaje de dos horas y será solo una vez a la semana. Pero, valdrá la pena. El baloncesto es un lujo de fin de semana y de felicidad. Un retorno al futuro a través del pasado.

Bhavya Dore

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